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Adopta una planta

Martha Pskowski

Como cualquier veinteañera viviendo lejos de su familia, sin muchos lazos emocionales, de vez en cuando me entran ganas de hacer algo doméstico. No pienso tener hijos pronto y adoptar un perro o gato me parece irresponsable. De repente apareció la solución perfecta en mis novedades de Facebook: adoptar una planta en peligro de extinción en el Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El Jardín Botánico se encuentra en el campus de la UNAM en la delegación de Coyoacán, Ciudad de México. Es un lugar tranquilo para escapar del caos de la ciudad. Caminando por sus senderos; ves parejas universitarias acostadas en el pasto del arboreto y escuchas pájaros cantando desde los árboles. El jardín abarca 13 hectáreas en total, de las cuales tres están abiertas al público.

Este espacio tiene 1,600 especies en sus colecciones, de la cuales 300 están en peligro de extinción o amenazadas. La Norma Oficial 059 indica cuatro categorías de especies en peligro: “Probablamente extinta en el medio silvestre”, “En peligro de extinción”, “Amenazadas” y “Sujetas a protección especial.”

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) protege la biodiversidad en México en conjunto con otras instancias como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Históricamente, las extinciones masivas han ocurrido debido a los cambios climáticos, la actividad volcánica y las inundaciones.

Actualmente, la gran mayoría de extinciones son provocadas por la actividad humana de forma directa o indirecta.

El biólogo Enrique Lozada, director del Centro de Adopción de Plantas Mexicanas en Peligro de Extinción, explica que el centro se fundó el 8 de octubre de 2013 con el propósito de involucrar “a la sociedad mexicana en la importante tarea de conservar la diversidad vegetal de México.”

La mayoría de los ejemplares disponibles en el Centro de Adopción pertenecen a tres subfamilias botánicas: cactáceas, crasuláceas y agavóideas. Muchos miembros de estas subfamilias son plantas suculentas, que se caracterizan por sus órganos o partes adaptados para almacenar agua y sobrevivir en climas áridos. Algunas plantas emblemáticas de México como el agave, que se utiliza para hacer mezcal, pulque y otros alcoholes, son suculentas, adaptadas al calor, poca lluvia y altitudes altas.

El Jardín Botánico tiene en sus colecciones 48 por ciento de las agavóideas que están en peligro o amenazadas en México. Son plantas desérticas como el agave, la yuca y el árbol de Josué; 58 por ciento de los cactus en peligro o amenazados en México se encuentran en este espacio. En cuanto a las crasuláceas, una subfamilia que incluye el árbol de jade, el jardín tiene 100 por ciento de las especies en peligro o amenazadas.

El jardín no sólo existe para conservar las plantas, sino que también se preocupa por propagar las especies. Más de 200 ejemplares de orquídeas, cactus y crasuláceas han sido cultivadas en el jardín a través de métodos tradicionales y también por medio de clonación de cultivo de tejidos.

Desde 2013, 15 mil plantas han sido acogidas por más de 12 mil padres adoptivos de diversas partes del país. Lozada dice que con “esta iniciativa se promueve el comercio legal de la riqueza vegetal de México y se involucra a la sociedad mexicana en la labor de conservar la biodiversidad de este país megadiverso.”

Las causas de la extinción de plantas en México no han sido investigadas lo suficiente, pero algunas son la sobreexplotación y la pérdida o degradación de los hábitats.

Muchas plantas endémicas, que sólo se encuentran en el país, tienen hábitats muy pequeños. En estos casos, la urbanización o cambio del uso del suelo e incluso los desastres naturales como huracanes e inundaciones suelen tener impactos devastadores.

Los cactus y las orquídeas están muy expuestos a la extinción porque son muy populares como ornamentación. A menudo se cosechan en la naturaleza para la venta, sin ser reemplazados. Por ejemplo, el cactus biznaga del pedregal de San Ángel (Mammillaria haageana subespecie san-angelensis) es una cactácea endémica del campus de Ciudad Universitaria, UNAM.

Es una de las variedades que está disponible en el Centro de Adopción y Lozada manifiesta que es uno de los más populares.

Me convertí en la madre orgullosa de una Graptopetalum macdougallii, que es una crasulácea oaxaqueña. Su nombre común es Conchita. Lozada dice que está en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat y a la sobrecolecta para adornar nacimientos navideños.

Mi certificado de adopción explica cómo cuidar la Conchita, que puede vivir hasta 15 años. Tiene una altura máxima de 10 centímetros.

El Jardín Botánico está en el Tercer Circuito exterior de la UNAM. El horario, durante el verano, es de las 9 de la mañana a las 5:30 de la tarde, de lunes a viernes y los sábados de las 9 de la mañana a las 4 de la tarde. En invierno, el Jardín cierra una hora más temprano. El Centro de Adopción se encuentra en la Tienda Tigridia.

El horario es de las 10 de la mañana a las 4 de la tarde, de lunes a viernes y 10 de la mañana a las 3 de la tarde los sábados.

La entrada al jardín es gratuita.Para obtener más información puede visitarse la página del Jardín Botánico o escribir un correo a adoptaplanta@ st.ib.unam.mx. Las plantas están en adopción por un costo de recuperación que apoya las actividades de conservación en el Jardín.


Martha Pskowski es escritora en el diario The News on Line en este texto explora una parte de la Ciudad de México que le ha dejado una “hija”